Nublado, gris, agradable
Muy de madrugada salimos para Bonn. Me deja Christa sólo en la Adenauer Allee para entrar en su ministerio. Sensación placentera de unas hora por delante en una ciudad extraña. No tengo un duro de dinero alemán así que tendré que cambiar como primera medida. La primavera muy avanzada, Muchos árboles en flor. Ningún peatón en la calle. Supongo que en los edificio ministeriales de esta calle, todo el mundo esforzarse en aparentar que trabaje.
Paro por delante del blanco Palacio Schaumburg y del museo que esta enfrente, que tiene una expo de dinosaurios, de esos típicos maquetones americanos que han programado por toda Europa. Escenografía con sonido y movimiento de tercera división. Muchos colegios en la puerta. Niños multicolores, paso de largo.
Dos coches llenos de niños pasan para preguntarme por el museo. No sé que pueden ver en mi de alemán. No hay gente en la calle. …
El antiguo palacio de los electores (Universidad) tiene mucho de los palacios Austria-españoles. El Alcázar de Toledo, la Plaza Mayor, Aranjuez, con torres cuadradas en las esquinas. El centro de Bonn apenas existe. Una plaza que rodea el Münster románico de transición, aunque muy reconstruido después de la guerra. La gente insiste en preguntarme calles y direcciones. Cambio dinero cerca de la Plaza y ya puedo entrar a tomar un café con Croissant que me entona. Me siento bien, con esa sensación de extrañeza que te provoca el simple paseo sin ocupación. Quiero ir al Rheinische Landesmuseum (creo que se llama así) para husmear un poco. No tengo prisa. Quizá llegue o quizá no. Cualquier cosa puede entretenerme. Estoy abierto a la casualidad. En el bar una pareja de estudiantes simpáticos me sonríen. Una rubia alternativa con un perro también me ha sonreído. Me haría falta algo de sol.
Los jóvenes alemanes son valientes, lanzados. Se visten sin aferrarse a un uniforme determinado y casi fijo como en Madrid. Me gustan esas pieles blancas limpias y bien alimentadas de las jóvenes. No descubro nada. El café da a la Kaiserplatz. En Alemania apenas molestan los coches en el centro, aunque las autopistas sean de pesadilla. Pregunto a dos jóvenes por el museo y me dan una larga explicación sin mover las manos.
Ya en el museo, en la entrada desplegados los hallazgos de la recientemente descubierta tumba de Sipán, de la costa de Perú, testimonio pre-colombiano. 
(precisa descripción del museo)
No hace frió al salir. Una bonita luz y enfrente esas típicas casas-pastel alemanas del XIX pintadas con diferentes tomos y colores. Es agradable la soledad, cuando no es seria. Christa con su examen al fondo. Tengo ganas de verla. Quiero que aprueba. Voy hacia el centro a tomar algo.
Me siento al exterior en una terraza de la Kaiserplatz, el sol apenas se dibuja. Mucha gente joven. Pasan funcionarios ya integrados que desde este ambiente de universidad, parecen marcianos. La lengua es un problema pero no me he puesto nunca en serio con el alemán…….
Christa naturalmente ha aprobado su examen.
Hemos recogido a K. a eso de las seis y media en la estación pues viene a Bruselas. Está destinada en Lomé, Togo. Sus comentarios sobre África me han acabado de sacar de Madre y reflejan un estado de espíritu de las comunidades blancas de allí. Comentarios verdaderamente repulsivos.
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